Ida Mett: Los campesinos en la Revolución Rusa

Campesinos rusos manifestándose en Moscú 1917

En estos extractos del libro de Ida Mett « Los campesinos rusos en la revolución« , Mett proporciona algunos de los antecedentes relativos al campesinado ruso en la víspera y al comienzo de la revolución rusa de 1917. Había un floreciente movimiento cooperativo campesino, y un gran contingente de campesinos rusos que acababan de desertar del ejército, al dar la espalda a la guerra de Rusia contra Alemania y regresar a casa. El partido político que gozaba de mayor apoyo campesino era el Partido Socialista Revolucionario (los eseristas), pero estaba dividido entre facciones de derecha e izquierda y pronto dejó que la iniciativa revolucionaria cayera en manos de los bolcheviques, que en 1921 habían reprimido eficazmente a todos los demás grupos revolucionarios, incluidos los anarquistas.

Ida Mett

Ida Mett (1901-1973) sólo tenía 16 años cuando la Revolución de Febrero de 1917 arrasó en Rusia. La Revolución de Febrero fue un acontecimiento en gran medida espontáneo que los partidos políticos organizados, incluidos los bolcheviques, no habían previsto. El gobierno provisional de Alexander Kerensky (1881-1970), un «eserista de derecha», tomó la desastrosa decisión de intentar mantener la guerra contra Alemania, y fue derrocado por los bolcheviques en la «Revolución de Octubre» de 1917. Mett se hizo anarquista cuando se trasladó a Moscú para estudiar medicina, pero para entonces los bolcheviques ya estaban en camino de suprimir el movimiento anarquista. Mett fue detenida en 1924, pero logró escapar y finalmente se dirigió a París, donde trabajó con otros exiliados anarquistas rusos, como Néstor Makhno y Peter Arshinov. Apoyó el movimiento anarquista español y consiguió sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial, publicando en 1948 su relato de la rebelión de Krondstadt de 1921 contra la naciente dictadura bolchevique, La comuna de Krondstadt.

Campesinos rusos fabricantes de escobas

La expansión de las cooperativas

Cuando se habla de la economía campesina rusa, hay que detenerse en el movimiento cooperativo, que comenzó ya en 1905 a expandirse rápidamente. Después de esta fecha, aparecieron, sobre todo, cooperativas de consumidores y cooperativas agrícolas. Así, en 1871, había 61 cooperativas de consumidores y 21 cooperativas agrícolas en toda Rusia. En 1881, había respectivamente 233 y 87; en 1901, 577 y 350; en 1906, 1172 y 666; y en 1915, 11000 y 6800.

En 1908 se reunió en Moscú el primer congreso de todas las sociedades cooperativas, en el que participaron casi 2000 delegados. Este congreso sirvió de punto de partida para la creación de una amplia red de cooperativas con banco propio (el Banco Popular de Moscú). A la cabeza de este movimiento se encontraba una organización líder con fuerzas intelectuales de gran valor. Sin embargo, debemos señalar que los miembros más activos de este movimiento cooperativo no eran los campesinos pobres, sino los campesinos medios.

En general, en las cooperativas, y más aún en las cooperativas agrícolas, concentraron su acción muchos socialistas y más aún los revolucionarios socialistas. Los bolcheviques también entraron en el movimiento cooperativo, pero con el motivo ulterior de utilizar las cooperativas como terreno legal para el trabajo revolucionario ilegal o semilegal.

Podemos decir que, en general, las cooperativas, durante su corta vida, desempeñaron, además de su importante papel económico, un papel cultural de primer orden, y han contribuido ampliamente a la mejora de los métodos agrícolas y al desarrollo de la ciencia agrícola. Pero el destino quiso que este mismo movimiento cooperativo desempeñara un papel fatal en la conducta del Partido Socialista Revolucionario en el verano de 1917, cuando se opuso a la acción decisiva de los campesinos que deseaban un reparto inmediato de la tierra, lo que facilitó mucho la toma del poder por los bolcheviques jugando con la política incoherente y vacilante del único gran partido de los campesinos de entonces: el Partido Socialista Revolucionario.

Apelación a la creación, el 15 de octubre, del Congreso Panucraniano de los Pobres: «ваш съезд свяжет узами братствa пролетарских городов и трудовое цело (Su Congreso establecerá vínculos de amistad inquebrantables con los pueblos proletarios y los sindicatos obreros)»

El campesinado en las revoluciones de febrero y octubre

[…]Durante la primera guerra mundial, millones de campesinos rusos fueron movilizados. Estos soldados en las trincheras anhelaban ardientemente volver a casa. Cuanto más se prolongaba la guerra, el estado de ánimo de los soldados era cada vez menos conformista. Los soldados-campesinos no entendían por qué se les arrancaba de la tierra que les alimentaba. Sus esposas y madres escribían cartas en las que se quejaban de la dura vida en el campo vaciado de su población masculina. Por eso, cuando la revolución de febrero comenzó en las largas colas de las panaderías de Petrogrado, los soldados, en el frente, ya estaban maduros para apoyarla.

Mientras que, en las ciudades, la revolución de febrero engendró una forma de patriotismo en diferentes capas de la intelectualidad – «ahora sabemos por qué, y por quién, derramamos nuestra sangre, vamos a defender nuestra Rusia, la Rusia democrática», decían-, estos sentimientos parecían ausentes entre los soldados-campesinos después de tres años de guerra. Todos soñaban con volver a sus pueblos y compartir la tierra de la nobleza, hacia la que sentían más hostilidad que hacia los alemanes y austriacos. Este sentimiento era irresistible y el soldado ruso, bajo su gabardina de soldado, participó de todo corazón en la instauración de un nuevo orden de cosas.

Estaba a favor de la paz inmediata y no esperó la orden de desmovilización para volver a casa. También estaba a favor de la redistribución inmediata de la tierra. Ya en el verano de 1917, los marineros del Báltico enviaron a sus representantes por todo el país para poner en marcha esta redistribución. Los soldados y los marineros también enviaron a sus representantes a los soviets de campesinos.

En el primer congreso panruso de diputados del campo, celebrado en Petrogrado entre el 11 y el 26 de mayo de 1917, se registraron 242 mociones que trataban sobre la abolición de la propiedad privada de la tierra para siempre, haciendo imposible la venta, la compra, el alquiler o la hipoteca de la tierra. Según estas mociones, toda la tierra debía ser confiscada sin compensación, transformada en bienes nacionales y entregada para su disfrute a las personas que la trabajaban. En cuanto al ganado que se encontrara en las tierras confiscadas, debía ser entregado sin compensación al Estado o a las comunidades campesinas, sólo el ganado de los campesinos pobres no debía ser confiscado.

Las mociones campesinas exigían que todos los ciudadanos deseosos de cultivarla por sí mismos tuvieran acceso al disfrute de la tierra; el trabajo asalariado en la agricultura debía ser abolido.

El disfrute de la tierra debía ser igual para todos, y la tierra debía ser redistribuida periódicamente para tener en cuenta el aumento de la población. Y, sobre todo, se debe tener plena y total libertad en cuanto a la forma de trabajar la tierra: ésta puede ser trabajada individualmente, por una familia, por una comuna, por una cooperativa, según las decisiones locales. Sólo los grandes dominios sometidos a una cultura racional debían ser entregados al Estado.

Ida Mett, París 1948

[Traducido por Jorge JOYA]

Original: https://makhno.home.blog/2022/03/07/ida-mett-peasants/

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